Fular tejido

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Fular Kikuyu Regular Blanco-Beis

Nuevo producto

Cuenta la leyenda que las madres de una antigua tribu llevaban a sus hijos en unos paños especiales que ellas mismas tejían en sus telares, estos paños eran portadores de una fuerza “mágica” que conseguía dotar a los niños de inmunidad ante los malos espíritus. Las madres de la tribu, fieles creyentes de la leyenda, tejían los Kikuyus con esmero mientras esperaban la llegada de sus hijos.

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Desde el nacimiento hasta los tres años aproximadamente. Es muy práctico porque hay distintas formas de anudarlo, con la ayuda del DVD y del libro de instrucciones te será sencillo empezar!

Los fulares están en contacto directo con la delicada piel del bebé, por este motivo su tejido es de algodón 100% y con colorantes naturales, así nos aseguramos la protección de los más pequeños.

El tejido está entramado con fibras largas de forma especial para que tenga un toque de elasticidad y en ningún caso llegue a ceder. Están certificados para soportar hasta 800 kgs al arrastre (CITEVE*). Los fulares porta bebes de Kikuyu se fabrican en Portugal y están certificados por Oeko-tex**.

Los Kikuyus son de algodón y pueden lavarse en la lavadora, es conveniente hacerlo con agua fría o templada y no se puede utilizar lejía ni productos decolorantes. El uso de la secadora no está recomendado ya que puede encoger el tejido. No es necesario un cuidado especial, el tejido es muy resistente y se puede lavar cuantas veces sea necesario.

Con el Kikuyu te entregamos también una bolsita para que puedas llevarlo con comodidad y para evitar que se manche cuando no lo estás utilizando, además de un 

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Fular Kikuyu Regular Blanco-Beis

Fular Kikuyu Regular Blanco-Beis

Cuenta la leyenda que las madres de una antigua tribu llevaban a sus hijos en unos paños especiales que ellas mismas tejían en sus telares, estos paños eran portadores de una fuerza “mágica” que conseguía dotar a los niños de inmunidad ante los malos espíritus. Las madres de la tribu, fieles creyentes de la leyenda, tejían los Kikuyus con esmero mientras esperaban la llegada de sus hijos.